El terrorismo continúa.

Hay no menos de unos doce instrumentos jurídicos que tipifican y condenan el terrorismo en sus múltiples formas, pero ninguno todavía que lo haga frente al representado por el islamismo radical.

Santiago, 21 de abril de 2017

Samuel

Samuel Fernández

Los variados casos en diferentes países lo confirman. Recientemente han sucedido actos de terrorismo en diversos países de Europa, África y Medio Oriente y ninguno está completamente a salvo del fanatismo religioso propiciado por el denominado Estado Islámico. A pesar de que hay claros resultados, tanto en Irak como en Siria, que indican un retroceso en los territorios que todavía controla y que tal retirada prosigue, mermando su dominio de hace algunos años. Logros obtenidos por la decidida acción de la comunidad internacional. Por cierto subsisten grandes diferencias políticas y estratégicas entre los países involucrados y las Grandes Potencias, como también en los distintos grupos que combaten en el terreno. No obstante, todos reconocen a dicha organización como un enemigo común, cuyo accionar ha sobrepasado lo tolerable, por su crueldad y decisión de eliminar a todos los que no coincidan con sus propósitos, y destruir su entorno.
A pesar de ello, los terroristas se han diversificado. Los atentados masivos son algo más difícil, por lo que muchos individuos están actuando en solitario y utilizan lo que encuentran para causar muerte y destrucción. Desde cuchillos, armas, vehículos, camiones o lo que sea, para eliminar indiscriminadamente a todos los que encuentran a su paso, de cualquier nacionalidad y sin importar sus creencias, aunque igualmente sean musulmanes. El objetivo es causar terror y mientras más sean las víctimas, mejor. Son actos suicidas motivados por una creencia irracional en una salvación superior, en la medida en que los demás sean exterminados. Para ellos son infieles que no merecen vivir, y al matarlos, el autor asegura su lugar en el paraíso; uno totalmente diferente del para otras confesiones religiosas, pues es mucho más terrenal, con áreas verdes, abundante agua y placeres carnales. Allí no hay nada espiritual ni redención alguna de las almas en la otra vida. Sólo compensaciones materiales de los pecados cometidos mediante la autoinmolación.
Frente a tal obcecación en sus propias creencias, resulta estéril toda posibilidad de tolerancia, negociación o un acuerdo eventual que permitiera terminar con este flagelo. Lamentablemente, sólo deja la posibilidad de contención o la lucha frontal como opción posible. Tampoco cabe esperar una rendición, y menos un arrepentimiento para su integración al sistema internacional o al  derecho internacional, que resulta violado de manera persistente y criminal. Hay no menos de unos doce instrumentos jurídicos que tipifican y condenan el terrorismo en sus múltiples formas, pero ninguno todavía que lo haga frente al representado por el islamismo radical, a pesar de su extrema gravedad. Representa un enemigo temible que sigue actuando y causando temor y desconfianza. Los países donde han ocurrido estos episodios, adoptan severas medidas de vigilancia y control, para devolver la estabilidad a sus habitantes y a los extranjeros que los visitan. Los gastos en seguridad se multiplican y el turismo o las actividades de masas, resultan reducidas o efectuadas bajo una tensión creciente. Son logros alcanzados por este terror, más allá de las terribles pérdidas de vidas inocentes. Resulta casi imposible penetrar en sus mentes y anticipar su accionar demencial.
Constituye una nueva realidad indeseada y peligrosamente creciente, que enfrenta el mundo y que no encuentra, por ahora, la manera eficaz de prevenirla o evitarla. Es de esperar que sólo sea un trágico momento de la historia actual y no una constante en el tiempo. Todos los Estados debieran deponer sus legítimas diferencias e intereses, para encontrar la manera de erradicar, definitivamente, esta anomalía temible que por ahora nos afecta y condiciona. Lo más peligroso y por sobre los casos terroristas, sería que la consideráramos como algo inevitable a lo que tenemos que acostumbrarnos. Esa sería su mayor victoria. No lo debemos permitir. (Santiago, 21 abril 2017)

Venezuela: Un Estado fallido.

Santiago, 14 de agosto de 2017

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